Brilla un nuevo azul, pero siempre del cielo


Hace tan solo diez días que el bendito pueblo de Fuengirola acompañaba a su patrona por las calles de la ciudad. La Virgen del Rosario tomaba las calles en una esplendorosa mañana de 7 de octubre, aquella en la que nada adquiere más importancia que ella. A partir de ahí, vino sucediéndose una feria que quita todos los males y nos lleva al olvido de los problemas. 

 

Mientras transcurrían la feria y fiestas patronales, otro movimiento de gran proeza se acercaba y deshojaba un veloz calendario que ponía las miras en el 15 de octubre, una semana después de que la Santísima Virgen, bajo la advocación del Rosario, embelesara con su mirada a todo aquel que se postraba a sus plantas. Pero los días han ido pasando, y la bienaventurada Virgen María pasó a llamarse Rocío, la del cielo azul que envuelve Fuengirola. El adiós a la fiel guía de los primeros treinta años, da la bienvenida al sueño que ha dejado estampas inolvidables de despedida en la efímera celebración del trigésimo aniversario. Comienza otra etapa. Brilla un nuevo azul, pero siempre del cielo.

 

Escribir comentario

Comentarios: 0