Una necesaria puesta en valor en la Cofradía Fusionada: el Cristo de la Columna

El cofrade bolichero Carlos Moreno analiza la puesta en valor de la imagen dieciochesca de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna.


Puede que sea la imagen de Cristo con más valor artístico de Fuengirola, además de la más antigua, y no se le da la importancia que tiene.

 

La talla del siglo XVIII fue traída de Antequera tras la Guerra Civil por orden del Obispo D. Balbino Santos. Como sucedió con otras conocidas imágenes, es el caso de la Virgen de la Soledad de la Congregación de Mena o el Medinaceli de Santiago de Málaga, Antequera (que había conservado casi la totalidad de su patrimonio religioso) cedió en la posguerra algunas imágenes veneradas en sus iglesias a otros lugares donde los destrozos hicieron estragos.

A su llegada a Fuengirola se decidió que debía ser restaurado y la persona elegida fue Mario Palma Burgos, quien no poseía muchos conocimientos sobre conservación; como demuestran otros casos de restauraciones acometidas por él. Y así ha llegado hasta nuestros días.

 

La posguerra para numerosas cofradías de casi toda España supuso un periodo en el que se partía de la nada. Muchas veces eran mayores las ansias normalizar la situación tras la crisis religiosa que los medios.

Además, debemos tener en cuenta que la consideración que tenía el arte entonces era muy distante a la actual. Las restauraciones, que siempre deben respetar lo original, se confiaban a cualquiera que tuviera una idea básica de escultura -algo que por desgracia sigue sucediendo hoy día en numerosas ocasiones, cuando contamos con buenísimos profesionales de la restauración-.

 

Así, vemos hoy en la iglesia del Rosario una imagen que en su día no fue restaurada como tal, si no que fue intervenida para "salir del paso" y cuyo resultado dejó mucho que desear. Esto es reversible. Si hoy día un profesional de la restauración (muchísimo cuidado con esto, que no todo el que se hace llamar restaurador lo es) trabajara en la imagen sería, sin duda, uno de los iconos pasionistas de más valor artístico de la Costa del Sol. Es necesario eliminar la pátina de suciedad acumulada, para empezar, y los barnices que aparentemente Mario Palma le aplicó y que le dan el color anaranjado -casi marrón- actual.

Además, posiblemente también se deba a Palma el color azul de los ojos, algo que muy difícilmente es original del siglo XVIII y que se acerca más a los gustos estéticos actuales, bastante alejados de lo que debe ser una imagen destinada a la devoción.

 

Es importante recordar que el siglo XVIII es el siglo en el que el gusto por humanizar las imágenes sacras alcanza su auge. Ya a mediados del segundo milenio las tallas comenzaron a ser vestidas con telas, para más tarde -en tiempo del barroco- serle añadidos postizos como ojos y lágrimas de cristal o pestañas y cabellera de pelo natural.

Concretamente, en la Provincia de Málaga estos aditamentos alcanzaron un gran éxito. Siendo en las imágenes de Cristo atributos como las cabelleras naturales de tirabuzones o las purezas de tela bordadas algo que se define como castizo de nuestra zona. Por desgracia, es triste ver como la moda actual desecha cada vez más en las imágenes el pelo natural y las purezas de tela que se superponen a las talladas.

 

Como he mencionado, muchas imágenes del siglo XVIII eran realizadas expresamente para lucir estos elementos y ese es el caso de la imagen que tratamos; la del Cristo de la Columna. Una imagen en la que destaca el fino y poco voluminoso cabello tallado pensado para lucir cabellera natural (es muy evidente), además de lo poco tratada que se encuentra la talla de la pureza del Señor, pensado para ser revestido.

Afortunadamente, la imagen en cuestión suele ser vestida para su procesión del Jueves Santo (aunque servidor optaría por mantener este hábito todo el año), pero no es así en el caso de la cabellera natural. El uso de ésta devolvería la imagen a su concepción original y la haría más personal y más acorde con la éstetica malagueña; la completaría.

 

En un principio, puede resultar extraña tanta alteración -la recuperación de la concepción original de la policromía, la falta de costumbre a la hora de verlo con pelo natural, etc-, pero en estos casos no debemos pensar en nosotros si no en nuestra imagen de devoción; que es la que sale beneficiada y gana en calidad artistica y en cuanto a gusto estético. Al fin y al cabo, nosotros nos acostumbramos. No soy hermano de la Cofradía Fusionada, pero mi amor por el arte, la estética clásica malagueña y mi pueblo (aunque sea bolichero, también me siento fuengiroleño) me hacen desear verlo así; como merece una imagen de esa calidad.

 

Para acompañar esta entrada he recreado digitalmente la estampa que propongo mediante un fotomontaje. Vemos así un Cristo de la Columna con la policromía más aclarada (que se conseguiría con la limpieza mencionada), ojos oscuros según serían originalmente y luciendo peluca de profusos tirabuzones al gusto de Málaga además de pureza de tela (inclyendo un elemento muy propio del siglo XIX, como es el pequeño ramillete de flores en el nudo de la pureza; símbolo de la Llaga del costado de Cristo).

La fotografía-recreación habla sóla. ¿Cuándo querrá su Cofradía darse cuenta de lo que ganaría la imagen y de lo fácil que es hacer que gane?

Opina: Carlos Moreno Porras


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