El Viernes Santo deja de temer y va encontrando su cauce

La jornada más completa de la Semana Santa de Fuengirola va equilibrándose y ofreció cortejos cuidados y compactos.


Una notable subida en busca de la estabilidad se ha hecho notar el Viernes Santo, la jornada, como ya dijimos el año pasado, más difícil en la Semana Santa de Fuengirola. Pero parece que va encontrando su cauce y que deja de temer a disimilitudes, horarios infaustos o participaciones menguadas. Si algo tiene esta jornada que no aporta el resto de días de nuestra Semana Santa, es la heterogeneidad.

 

Muy mal lo pasaba la Cofradía del Yacente con su tallaje no hace mucho tiempo. Este año, los varales del trono de la Virgen del Amor, la que más penurias ha pasado en cuanto a portadores, se han visto repletos desde la A hasta la D. Dicho trono, además, añadía un tercer capataz, Raúl Aragón, que se une a Álvaro Pino y Francisco Blanco. La dolorosa de Duarte volvió a encontrarse con el Cristo de la Expiración a su paso por Condes de San Isidro. Momento cumbre de la noche para reafirmar el equilibrio de la jornada. De ahí, el crucificado de Liébana continuó su camino hacia su casa hermandad bajo la luna llena, mientras las frías temperaturas volvían a azotar a la muchedumbre, librándose del aguacero anunciado que finalmente decidió no caer.

 

La Cofradía Fusionada mostró en la calle un cortejo más completo que el día anterior. La cesión de los toques de campana volvieron a suceder, dejando de nuevo momentos emotivos como el del encierro, cuando Lázaro Ruiz, que se despedía como Mayordomo del Señor de la Expiración, reunió al resto de mayordomos y capataces de la cofradía para, todos unidos, ejecutar uno de los últimos campanazos antes de que, a las 1:28h, el crucificado quedara resguardado en casa.

 

 

Entre los estrenos de la jornada (Yacente ha sido la cofradía con más estrenos este año), destacó el nuevo estandarte de la Virgen de los Dolores, con pintura de Adolfo Muñoz, el puñal para dicha imagen mariana donado por su camarista y el mantolín bordado para San Juan Evangelista. La dolorosa del Parque volvió a ser vestida de manera brillante por Guillermo Briales, resaltando su nuevo tocado o la cinturilla bordada. Por su parte, la Soledad de El Boquetillo mostró una exquisita puesta en escena en la calle, no muy distante de la que mostraron las otras dos procesiones, con cortejos cuidados y compactos. Volvió a ser Pasión, con la cuarta y última de sus secciones, quien decidiese no encarar el trono ante las puertas del Rosario. La cofradía del parque tampoco puso de frente a sus tronos ante el templo más antiguo de la ciudad. Así lo decidieron, así fue. Nada lejos de la realidad.

 

El Cristo de la Caridad, sobre un monte de corcho con hierbas silvestres, y tras los golpes de campana cedidos a la pregonera, Rosa Loza, fue el primero en ponerse en la calle en una tarde procesionista que ya el año pasado adelantó su horario. La luz del día también le queda bien al Viernes Santo y forma parte del cambio.

 

El único contratiempo de la jornada ocurrió, otra vez, en la calle España, cuando la salida del parking de la plaza no fue interrumpida a tiempo por la policía y volvió a ocasionar un parón en la procesión de la Cofradía del Yacente.

 

Informa: Javier Sedeño Ríos


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