El "sueño esperado" hecho realidad

El nuevo Simpecado de Fuengirola ha vivido su primer camino en busca de la Blanca Paloma, con quien se encontró el Lunes de Pentecostés poco antes de las 7:00h.


Hay una frase que dice que "cada Rocío es distinto". Los rocieros de Fuengirola pueden tomar como suya, para este 2018, esa frase, pues, sin duda, ha sido para ellos un Rocío distinto. Lo es cada años, pero aún más este en el que el nuevo Simpecado azul del cielo ha peregrinado hacia la aldea almonteña.

 

Atrás vuelve a quedar un camino más, con sus singularidades y vivencias, recorriendo la geografía andaluza occidental, transitando por Villamanrique o el Vado del Quema, que año tras año dejan momentos emocionantes entre los peregrinos. 

 

A la aldea llegaron el viernes, mientras que el sábado, el nuevo Simpecado fuengiroleño fue presentado ante la Blanca Paloma a las puertas de su ermita, antecedido por los peregrinos que vitoreaban a la Virgen. La Hermandad de Arroyo de la Miel, que desde hace cuatro años viene haciendo el camino de la mano de su madrina, no falta tampoco a estos momentos tan importantes en la historia de la filial fuengiroleña.

 

El domingo se celebró la tradicional Misa de Romeros en el real. Otra estampa para recordar la de que todos los Simpecados de las hermandades malagueñas arroparan a la de Fuengirola en su traslado hacia la Pontifical. "Málaga es rociera" rezaba, por tanto, los titulares en redes sociales con la imagen de los diferentes Simpecados caminando juntos.

 

El momento cumbre, el más esperado, no llegaría hasta la madrugada del Lunes de Pentecostés. Antes debía venir el Rosario, en el que, entre las diferentes personas que portaron el Simpecado de Fuengirola, no podía ser llevado por nadie mejor que Miguel Ángel Martin, padre de la joya que portaba en la mágica noche de Pentecostés. 

 

Poco a poco, la hora de la salida de la Virgen estaba más próxima. Los nervios lo delataban, y con ello no pudieron los almonteños, que, a las 2:34h saltaron la reja, aún cuando las filiales más antiguas no habían si quiera pasado ante las puertas de la ermita. Algunas hasta se quedaron sin hacerlo cuando el Simpecado de la Heemandad Matriz acortó camino para llegar antes al templo. De esta forma, tras un cuarto de hora en el que los almonteños aguardaron pegados a los varales de la Virgen, las andas comenzaron a moverse sobre la nueva base que ayudó, al menos en la primera mitad del recorrido, a que no se produjeran tantas caídas de la Virgen.

 

La procesión fue más acelerada respecto a otros años. Tanto que a las 11:30h la Reina de las Marismas ya estaba de nuevo en su templo. Quizás, la alerta por fuertes lluvias ayudó a acelerar el ritmo, aunque, finalmente, ni una gota interrumpió la procesión. Lo único que apareció fue una abundante niebla a primera hora de la mañana. Aún así, los romeros más veteranos mantienen que, aunque llueva, "la Virgen siempre sale".

 

El ritmo de la procesión llevó al encuentro de Fuengirola con la Blanca Paloma aún con los últimos coletazos de la noche, pocos minutos antes de que dieran las 7:00h. Todas las hermandades y cofradías de pasión y gloria de nuestra ciudad estuvieron representadas en el momento del encuentro cuando 34 campanillas, cedidas por todas y cada una de ellas a la rociera, llamaron a la Virgen para que se acercara, por primera vez, al nuevo Simpecado que brillaba bajo el amanecer azul del cielo. Fue el colofón de la espera, la Pastora ya estaba junto a Fuengirola.

 

Tras el "sueño esperado", los rocieros de la Villa Blanca van despertando y vuelven a la normalidad. Mañana, cuando el Simpecado vuelva a su capilla en San José, el sueño habrá terminado. 

 

Informa: Javier Sedeño Ríos

Fotografía: Antonio España


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